La capacidad de formación de nuevas palabras en nuestra lengua es extraordinaria. Podemos crear nuevas palabras, por ejemplo, por derivación (hacer/deshacer, charla/charlista, asma/asmático) o por composición (sacacorchos, bocacalle, cierrapuertas). Y, a veces, podemos deducir su significado del significado de los elementos que las componen.

Uno de los casos más claros son los adverbios formados con -mente. Basta con añadir -mente a un adjetivo en femenino y nos resulta un adverbio que significa ‘de manera’ más el significado que aporta el adjetivo: gratamente, ‘de manera grata’, gráficamente, ‘de modo gráfico’. Algo similar sucede con los prefijos anti– ‘opuesto’ o mini- ‘pequeño, corto’: antiadherente, antibacteriano, minibar, minifalda.

Todos los ejemplos que he citado hasta ahora se incluyen en el diccionario. Pero no siempre es así con derivados y compuestos. Cada diccionario aplica su propio criterio para estas palabras. El Diccionario de la lengua española de la RAE solo incluye los que registran un uso reiterado. Si buscan los adverbios distraídamente o ansiosamente, no los van a encontrar. Eso no quiere decir que no existan o que sean incorrectos.

El hecho de que una palabra no esté en un diccionario no implica necesariamente que no exista o que sea incorrecta. Tampoco necesariamente que sea correcta. El Diccionario del español dominicano, un diccionario de uso, incluye entre sus lemas el dominicano *casimente, incorrecto donde los haya, pero establecido, me temo que para quedarse, en nuestro español.

Moraleja. Cuando elijan o consulten un diccionario, lean las instrucciones de uso. Le sacarán más partido y se ahorrarán más de una sorpresa.

© 2016, María José Rincón.

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