Por Federico Henríquez Gratereaux

 LOS SAPOS EXPRESIVOS (1)

30 marzo, 2017

Gómez de la Serna “compuso” el extraño verbo “ventriloquear”. Con frecuencia inventaba palabras, algunas hermosas y literariamente útiles. También creó vocablos cuyo significado no sabía el propio Gómez de la Serna. Por ejemplo, al hacer el elogio de Guillermo Apollinaire dice: “un metabolismo de tierra filtrante y floreciente siempre hubo en Apollinaire, fantástico y escolbutador. (Esta palabra no sé qué significa ni si existe, pero la he necesitado aquí). No sabemos si quiso decir, inconscientemente, que Apollinaire fue un escrutador con escorbuto. Hago esta interpretación arbitraria porque entonces no se había generalizado la palabra carburador, pues todavía el automóvil no había alcanzado uso masivo.

No podía, por tanto, atribuirle una “combustión artística” parecida a la del motor de explosión. Gómez de la Serna estrenó la voz “pungencia”, pero la Real Academia Española le hizo ascos y por eso no aparece registrada en su diccionario. Lo mismo ocurrió con “maravillosidad”, “espiralismo”, “estrellificación”, “milagrizar”, “exquisitar”. Él dijo una vez de un hombre muy flaco que estaba “pomulado”, pues tenía los pómulos salientes. Inventar palabras casi nunca es “rentable”. Si las palabras “prenden”, corren y circulan, se vuelven propiedad común y no dan ni siquiera un mínimo de renombre a quien las inventa. Y si nadie las usa, el autor del nuevo vocablo queda marcado como raro y excéntrico.

O sea, a un paso de ser loco. Ventriloquear tiene varias acepciones desconocidas. La que todo el mundo conoce es la que se aplica al ventrílocuo de feria que “pone a conversar” a un muñeco. Un ventrílocuo, como su nombre indica, es alguien que habla con el vientre; cuando un periodista pobre defiende causas indefendibles, para cobrar un cheque, se dice que ventriloquea -que habla por dinero y por cuenta de otra persona- , o lo que es igual, que habla con el estómago.

Cuando una mujer se acuesta con muchos hombres, también ventriloquea, ya que hace locuras con el vientre, incurre en faltas movidas por el apetito venéreo. Existen escritos utilitarios, como es el caso de las cartas comerciales, los documentos notariales, las informaciones periodísticas, los partes policiales. Pero también hay escritos “inútiles”, que no rinden servicios prácticos. Surgen a causa de necesidades psíquicas de quienes los redactan. (2012).

LOS SAPOS EXPRESIVOS (2)

31 marzo, 2017

Muchísimos poemas son excrecencias superfluas de la sentimentalidad de los artistas. El poema, en verdad, es un lujo del organismo del poeta. Además de trabajar, comer, defecar, el poeta produce poemas que nadie exige o solicita. La gratuidad del poema es garantía de su autenticidad, que no de su posible belleza o “adecuación estética”. Los poemas tienen un emisor y un receptor; el poeta los crea, el lector los disfruta. Cuando eso ocurre es correcto hablar de “adecuación” entre el uno y el otro. Como es obvio, no sucede siempre así.

Un escritor “palabrero” puede llegar a ser un verbalista vacío, cuyos textos carezcan de contenido real y pulpa vital. Las filigranas retóricas no consiguen esa adecuación entre el lector y el escritor, que es esencial en la “transmisión” literaria, en la comunicación escrita. Gómez de la Serna, tan amigo fue de las palabras, que incluso dibujó un “abanico de palabras” para obsequiar a Sonnia Delaunay. Pero es justo añadir que Gómez de la Serna “palabrizaba” a partir de realidades concretas, que podían ser sociales o psíquicas, personales o colectivas, pero firmemente ancladas en el mundo y en el arte existente, nuevo o viejo.

El hombre necesita inventar palabras para nombrar realidades nuevas. La metáfora es un recurso para atrapar esas realidades nuevas, entrevistas confusamente. Las metáforas viejas son el origen de las palabras conocidas, establecidas ya en el diccionario, con “licencia” para ser escritas y pronunciadas en todas partes.

Las metáforas nuevas son palabras nacientes, todavía sin exequátur para ejercer como vocablos en documentos utilitarios. Solamente los textos gratuitos toleran metáforas recién inauguradas, esto es, renacuajos léxicos que más tarde se convertirán en grandes sapos expresivos.

El desarrollo y crecimiento de una lengua ensancha las posibilidades intelectuales y sentimentales del conjunto de sus hablantes. Cada nueva palabra abre una callecita mental y “autoriza” la urbanización de una parcela de los “mundos posibles”. Por último, ventriloquear es un verbo que podría muy bien usarse para designar aquellos esfuerzos verbales o literarios que no son más que gases de la barriga, locuciones del vientre. Todo lo contrario del arte magnífico de “palabrizar” las intuiciones para ofrecer -con precisión- nuevas tajadas del gran pastel de la realidad. (2012).

EXPRESIONES POPULARES 

29 marzo, 2017

En una lengua muerta no es posible añadir un sólo vocablo al conjunto de palabras que ya usaron sus escritores clásicos. Podemos clasificar los usos que daban a cada palabra, la gama de significados que arrastraban; también los giros lingüísticos utilizados por los hablantes mientras esa lengua pervivió. La muerte de una lengua es como una “disecación verbal”. Por supuesto, una lengua que muere, puede parir otra que le suceda; las lenguas romances son todas “hijas naturales” del latín moribundo. El griego de la época de Platón es parecido a un árbol petrificado. Ideológica y sentimentalmente fallecidos, el griego y el latín fueron caldos de cultivo en los que florecieron numerosas “bacterias idiomáticas”.

El hebreo es un caso único; después de haber muerto, resucitó. Los judíos perdieron su Estado, su territorio y su lengua. Durante siglos, los antiguos habitantes de Judea y Galilea, fueron anfitriones de otras naciones que hablaban lenguas distintas de la suya. La historia del renacimiento del hebreo actual es una prodigiosa epopeya que volvió a unir a los judíos dispersos por el mundo entero. La gente, al vivir, trabajar, sufrir o amar, expresa con nuevas palabras los problemas que confronta. El hebreo contemporáneo constituye un repertorio de vocablos mucho mayor que el contenido en el Antiguo Testamento. Al árbol viejo se agregó el follaje nuevo.

Lo que ocurre con palabras sueltas, sucede con las oraciones características de cada lengua. También mueren las llamadas “expresiones idiomáticas”. En las lenguas vivas, las nuevas palabras, expresiones decidoras y graciosas -vulgares o poéticas-surgen como de un manantial inagotable. Oír hablar a la gente común es una experiencia enriquecedora para periodistas, escritores, poetas, antropólogos. En la calle, en el tren, en el supermercado, oímos frases hermosas, ingeniosas o penetrantes, que fluyen espontáneamente en cualquier lengua viva.

En el corredor de un centro comercial lleno de tiendas, vi una joven que llevaba un pantalón cortísimo, ajustado al cuerpo como si fuera confeccionado con tela elástica. Dos jovencitos vestidos con “bluejeans” y “t-shirts”, iban detrás de la muchacha mirando con fruición dos hermosas piernas y su “rítmico andar”. Uno preguntó al compañero: ¿Qué me dices de ese pantaloncito? –Realmente, ella salió hoy con un “panty de calle”. (2014).

Escrito por Ruth Ruiz