Por Bruno Rosario Candelier

A Marcos Antonio Ramos,

Fina estirpe de alta erudición y sabiduría.

 

La Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española han publicado varios códigos lexicográficos, entre ellos el Diccionario de la lengua española, en el que se recogen las palabras que usan los hablantes de nuestro idioma en cualquier ámbito del mundo hispánico. En ese diccionario se encuentran las palabras que deben conocer los usuarios de la lengua y que usan los hablantes cultos en cualquier lugar donde se hable este hermoso idioma de Miguel de Cervantes, san Juan de la Cruz y Jorge Luis Borges. Se trata del vocabulario de la lengua general del español estándar.

En cada uno de los países hispanohablantes hay, además de las voces de la lengua general, términos y expresiones peculiares de la lengua local, con las singulares expresiones idiomáticas del lenguaje coloquial, de tal manera que nosotros, en la República Dominicana, cuando comenzamos a estudiar el español dominicano lo primero que hicimos fue elaborar un diccionario de las voces dominicanas, es decir, recogimos aquellas palabras que no figuran en el Diccionario de la lengua española porque tienen una acepción diferente o una connotación semántica especial, con la significación predilecta de los dominicanos, pues sin duda los hablantes de Quisqueya hemos inventado un léxico distintivo, y a muchas de las palabras de la lengua española les hemos asignado nuevos significados creando una peculiaridad semántica del léxico en la variedad del español de América en las Antillas.

Cuando trabajábamos en la confección de este diccionario pudimos comprobar varios aspectos lexicográficos que nos diferencian de las demás comunidades lingüísticas del español americano: que compartimos miles de expresiones de la lengua española usadas en España, América, Filipinas y en Guinea Ecuatorial; pero también podemos afirmar que muchas de las expresiones dominicanas son originarias de nuestros hablantes y, en tal virtud, tienen una particular singularidad en términos de creatividad, que recogemos en este Diccionario fraseológico del español dominicano (DIFRADO), publicación de la Academia Dominicana de la Lengua realizada con el auspicio de la Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua (1). Es decir, seleccionamos, definimos y publicamos aquellas expresiones usadas en frases, locuciones, adagios y giros idiomáticos que nos identifican como hablantes de un país caribeño. Esa fue una ingente tarea que nos llevó tres años de intenso trabajo de expurgo y acarreo lexicográfico, tarea lexicográfica consistente en confeccionar un diccionario, en este caso un nuevo diccionario fraseológico, es decir, un lexicón de voces y expresiones dominicanas. Al Diccionario del español dominicano le dedicamos cuatro años de labor lexicográfica. En esta labor fraseográfica duramos tres años indagando, seleccionando, describiendo y ejemplificando las expresiones idiomáticas de nuestro lenguaje.

¿Qué recoge, entonces, este diccionario fraseológico? Recoge específicamente lo que se llaman locuciones, frases, giros y adagios, cuatro vertientes que usualmente empleamos cuando hablamos y que se describen en la introducción de la obra. El uso de idiomatismos aparece definido con rigor y precisión, como han aludido los que me precedieron en el uso de la palabra en esta Universidad de Miami (2), ya que hemos aplicado lo que pauta la ciencia de la lexicografía y la rama de la fraseología. La lexicografía es la disciplina lingüística que enseña a hacer un diccionario, y la fraseología aporta la orientación teórica, que la fraseografía ejecuta en la práctica como disciplina lingüística que enseñan a hacer un diccionario de frases, lo que quiere decir que, además de un diccionario de palabras, se puede hacer un diccionario de frases. ¿Dónde está la diferencia? Está en la siguiente especificación: en el diccionario de palabras recogemos y definimos las voces o los vocablos de la lengua de un país o de un idioma, que son palabras individuales con el significado que esas palabras tienen en la lengua general o en la lengua local; y las frases, que son las expresiones idiomáticas, modismos de la lengua o frasemas del decir, que yo llamo idiolexías, son las unidades fraseológicas formadas por dos o más palabras con un sentido específico, y casi siempre ese significado es diferente del significado peculiar que tienen cada una de las palabras que componen esa reunión de vocablos que también llamamos idiotismos, como se conocen en inglés y en otros idiomas.

El trabajo que sorteamos al principio fue, en primer lugar, distribuirnos la responsabilidad del acarreo de frases, es decir, dónde indagaría cada uno de los coautores de esta obra, que somos Roberto Guzmán, Irene Pérez Guerra y el suscrito, para materializar el expurgo de centenares de expresiones comúnmente empleadas por nuestros hablantes, y para hacer esa labor contamos con tres fuentes fundamentales de investigación: la primera, la fuente literaria, es un ramal caudaloso de expresiones idiomáticas, especialmente las obras narrativas, porque los textos literarios de cuentos, relatos y novelas son los que mayormente emplean expresiones fraseológicas ya que en el género literario de la narrativa se usan las expresiones que dan cuenta de hechos, actuaciones y aventuras en los cuales intervienen los hablantes que son los personajes que aportan los datos del habla y ahí aparecen esas frases usadas por nuestros hablantes. Por esa razón, en este diccionario hay una amplia representación de los narradores dominicanos. Entre esos narradores de literatura de ficción, los más citados son Rafael Peralta Romero, Manuel Salvador Gautier, Alfredo Fernández Simó, Juan Bosch y Emelda Ramos.

La segunda fuente donde curcuteamos frases y expresiones de la lengua hablada por los dominicanos es la prensa, en periódicos y revistas, tanto en ediciones físicas como electrónicas. La prensa escrita es una mina de frases. Entre los periodistas dominicanos sobresalen, por el fecundo empleo de frases idiomáticas, los escritores Orlando Gil, César Medina, Pablo Mckinney, Aristófenes Urbáez, Fabio R. Herrera-Miniño, Alfredo Freites y Gina López Núñez, que escriben en el Listín Diario y en Hoy, es decir, los escritos de esos autores constituyen una veta copiosa en el uso de frases dominicanas.

La tercera fuente informativa a la que acudimos en busca de usos fraseológicos, que representa el mayor caudal de expresiones idiomáticas, es la oralidad, en cuya mina expresiva encontramos, a través de los comunicadores de radio, televisión, pero especialmente en el ámbito de la calle o del campo, el uso vivo de expresiones idiomáticas, como pudimos constatar en comercios, templos, barberías, estadios, guaguas, centros médicos, salas de fiestas, colmadones, oficinas, gimnasios, escuelas o donde quiera que se reúnan personas que inician una conversación. Entonces lo que hacemos, para comprobar el uso de unidades fraseológicas, es escuchar y anotar las susodichas expresiones, y si no entendíamos su significado, le preguntábamos al hablante lo que querían expresar.

Quienes consulten este diccionario van a encontrar miles de expresiones, tanto de la fuente escrita como de la oralidad, logro que fue para nosotros una gran satisfacción, ya que encontrar ejemplos, describirlos y mostrarlos con sus respectivas clasificaciones e ilustraciones es una compensación intelectual al sacrificio desplegado. Desde luego, así como nuestra lengua viene de España, la mayoría de las frases también proceden del país ibérico, y de hecho, para mí fue una sorpresa saber que la expresión “Hay más días que longanizas” no era dominicana, como creí durante mucho tiempo, puesto que es una idiolexía española. Hace un par de años vi una película filmada en España, protagonizada por actores españoles y ubicada en los años 20 del siglo XX en un pueblo castellano, y en uno de los parlamentos, una actriz le cuenta a otra una historia y le dice que no se preocupe, que “hay más días que longanizas”.

Un detalle importante de la fraseología es el hecho de que todas las frases proceden de una situación concreta y específica, aunque luego se aplique a otra situación diferente de la originaria, casi siempre con una connotación metafórica. Por ejemplo, la frase originada en un salón de belleza donde una mujer de pelo malo, es decir, ensortijado y crespo, va a arreglarse para que le hagan un desrizado, cuando la que le desenredaba el pelo le daba muchos jalones, ella le decía a la peluquera que no la maltratara, a lo que la estilista le respondía diciéndole “quien quiere moño bonito aguanta jalones”, expresión que originado por un hecho especifico, pero luego esa frase se aplica a cualquier situación de quien quiere algo bueno, pero para conseguirlo tiene que sacrificarse. Todas las frases nacen de una situación particular. ¿Ustedes han oído la locución “guayar la yuca”? Esa expresión alude al hecho de que hay que fajarse a trabajar, de que hay que  luchar y hacer un sacrificio para ganarse la vida; pero esa expresión, originalmente nació de alguien que estaba rozando la yuca en un guayo para hacer de su producto un cocido, como una arepa o una empanada. Juan Bosch, en su libro Indios, publicado en Santo Domingo en 1935, alude al modo de vida de los aborígenes quisqueyanos y, en un hermoso pasaje narrativo relata lo que hacen los indios cuando están trabajando, y ahí aparece una aborigen llamada Anaó, y dice el narrador: “-Anaó estaba guayando la yuca”, pero la acción de “guayar la yuca” era un hecho real, ya que Bosch contaba lo que estaba haciendo Anaó, por lo cual en ese pasaje esa locución no tiene el valor fraseológico que los hablantes dominicanos le asignan a esa expresión cuando la aplican con el significado de ‘pasar trabajo’. Cuando encontramos frases que debíamos identificar, describir y valorar, porque ese fue otro detalle que tuvimos en cuenta, había que clasificar cada una de las expresiones porque hay que distinguir lo que es una locución, de una frase, un adagio o un giro; las locuciones pueden ser verbales, sustantivas o adjetivas; las frases pueden ser coloquiales o populares; y los giros y adagios no tienen clasificación, pero no se deben confundir con las otras modalidades fraseológicas que recogimos en este Diccionario. En esta recolección de frases encontramos todas las modalidades, como refranes, máximas, sentencias y proverbios, que dejamos para incorporarlas a la segunda parte que trabajaremos en otra obra fraseográfica, que Dios mediante publicaremos en un segundo volumen de esta colección de la Academia Dominicana de la Lengua.

En este diccionario de fraseología se recoge, conforme fue nuestra tarea, el caudal de expresiones que usan los hablantes dominicanos cuando se comunican verbalmente porque permanentemente los usuarios de la lengua emplean frases o expresiones fraseológicas en las que hay alusión a las diferentes manifestaciones del saber humano, a todas las actividades humanas, a los animales y los pájaros, al ámbito de la naturaleza, al mundo sociocultural del campo y la ciudad. Por ejemplo, la palabra “gallo” aparece en la locución “matar el gallo en la funda”; la palabra “chivo”, usada en el ámbito estudiantil en la locución “meter un chivo” alude a quien copia algo para usarlo, a escondidas, en un examen en la escuela o la universidad. La palabra “rana” generó una frase muy singular, pues quienes han vivido en el campo saben lo que es una empalizada, que suele ser una barrera hecha con estacas enlazadas con alambre de púas o mayas para impedir que pasen personas o bestias. Cuando la rana ve a alguien se asusta y salta, y de esa situación hay una ocurrente frase: “¡Qué culpa tiene la estaca si la rana salta y se engancha”!, dato que alude al hecho de que si un subalterno comete un desliz esa culpa no le cabe a su jefe.

También hay que consignar que muchas de las frases idiomáticas tienen varias acepciones. En el tema de los diccionarios y en el área de la lexicografía, las palabras tienen una definición a partir de un significado básico, pero cuando las palabras tienen más de un significado, como a menudo suele ocurrir, a esa variedad semántica se le llama acepciones. Pues bien, las frases también tienen acepciones, es decir, hay frases con más de un significado, y cada uno de esos significados hay que definirlos e ilustrarlos con ejemplos de su uso. Entonces, el método que nosotros usamos fue el siguiente: en cada frase, cuya estructura está compuesta por dos o más palabras, elegimos una palabra, que llamamos “palabra clave”, para que esa palabra sirva de pauta al lector para buscar una frase en el diccionario. Elegimos una palabra del conjunto de voces que integran la frase. Consignamos esa palabra en el diccionario con letras en negritas, como también escribimos en negritas la susodicha frase para distinguirla de la definición; inmediatamente explicamos el significado de esa frase, y a continuación del significado consignamos en ejemplo que ilustre su comprensión. En la mayoría de los casos pudimos localizar ese ejemplo en una obra literaria de un autor dominicano, o en un artículo de un periódico o de una revista; y cuando no encontramos el ejemplo apropiado en un texto escrito, lo inventamos para ilustrar la frase. ¿Por qué  lo hacíamos de esa manera? Porque el ejemplo ayuda a comprender mejor el significado de la frase. La experiencia enseña que hay frases fáciles de entender, pero otras son difíciles o se prestan a varios significados generando una anfibología. Una vez me encontraba en Bacuí, un campo de La Vega, y mientras conversaba con un campesino, se opuso a una idea mía, y me soltó esta frase: “El sabio vive del bruto, y el bruto de su conuco”. Se  trata de situaciones que suelen engendrar una frase, y la creación de frases de alguna manera denota la creatividad de los hablantes.

Dije que la mayoría de las frases las hemos recibido como herencia lingüística que los hablantes de todo el mundo hispánico aprendimos de España, pero hay otras que las hemos inventado nosotros. En España se dice “mandar a la Porra”. Porra es un paraje lejano y distante en el sur profundo del país ibérico, pero esa expresión se usa en México, Colombia y República Dominicana, entre otros países hispanohablantes, con el significado de ‘mandar al carajo’. En la República Dominicana, cuando los padres querían castigar a uno de sus hijos, le decía, como me llegaron a decir a mí, “te voy a mandar a Higüey sin tortilla”, es decir, sin comida para que sufra. Esa frase se usa para aplicarla a cualquier situación en la que se quiera llamar la atención o castigar por algún hecho indebido, pero el origen de esa frase la inspira un hecho real. Los dominicanos viajan a Higüey el 21 de enero de cada año a celebrar el día de la Virgen de la Altagracia, y en ese viaje la mayoría de las personas pobres llevan su comida (especialmente pan, queso o tortilla); entonces un viaje a Higüey, “sin tortilla”, es un tremendo castigo.

El mundo de la fraseología es amplio, rico y variado, y en tal virtud tiene la particularidad de que constantemente usamos frases sin darnos cuenta. Cuando consulten este diccionario se van a dar cuenta del caudal de frases que ustedes, como hablantes, emplean. Y tal vez algunos ignoran que están usando una creación verbal hecha de la lengua misma porque esa forma de hablar, al usar locuciones y refranes, constituye una forma de expresión que de alguna manera sintetiza y expresa un pensamiento hecho, una manera de decir que facilita la expresión y que propicia una mejor comprensión en el mensaje de comunicación.

En ese sentido esta obra que hemos confeccionado tiene también varias intenciones, como la de registrar para la historia el caudal de frases que usan los hablantes dominicanos porque hay frases que se pierden. La mayoría de las frases que usan los adultos mayores es desconocida por la generación joven; entonces, hay muchas expresiones que van a tener la función de quedar registradas en esta obra y por tanto no se van a perder, lo cual ya es un servicio que la Academia Dominicana de la Lengua hace a la historia del español hablado en la República Dominicana, y aunque antes que nosotros hubo escritores que se dedicaron a hacer acopio de esta vertiente de la lengua, este diccionario es la obra idiomática más completa en cuanto a la cantidad y la calidad por la cuantía de las expresiones recogidas y el rigor metodológico con que fue confeccionado porque nosotros, los autores de este libro, estudiamos lo que establece la lexicografía y lo que consigna la fraseología, cuyos criterios de confección supimos aplicar en beneficio de los estudios lingüísticos del español dominicano.

Los criterios metodológicos y operativos hay que conocerlos para aplicarlos. En la realización de esta obra le dimos prioridad al criterio del uso, es decir, si una frase la usan los hablantes dominicanos, la incorporamos a esta obra, sin fijarnos si esa frase es o no originaria del pueblo dominicano, si viene de España o si la trajo algún cubano, puertorriqueño, venezolano, colombiano o mexicano a nuestro país; o si alguna expresión la hemos aprendido de las telenovelas o películas mexicanas, que tanto peso han tenido en la historia de la cultura de toda la América hispana, porque desde los años 40 del siglo XX en todos nuestros países hispanoparlantes crecimos viendo películas mexicanas porque el cine mexicano era la mayor industria cinematográfica en América latina, y recibimos el influjo del lenguaje de los mexicanos. Por ejemplo, la palabra “platicar”, tan frecuente entre los mexicanos, no se conocía en República Dominicana, y ya se conoce. Viendo películas y telenovelas colombianas, aprendimos otro sentido de la palabra verraco, como decir, “Colombia es el país más verraco de América”, o “entre verracos te vea”.

En esta obra los dominicanos se van a sentir retratados porque van a ver que en sus expresiones idiomáticas está la imagen de nuestra idiosincrasia. El lenguaje es un reflejo de nuestra mentalidad y una expresión de nuestra cultura. Somos lo que hablamos, y nos expresamos a través de palabras y frases; testimoniamos nuestra capacidad de creación mediante el uso de idiolexías y palabras, y cada cultura, como cada pueblo y cada hablante en particular, tienen una idiosincrasia cultural y poseen un talante peculiar. El talante es la manera personal del sentir o de pensar, y todos tenemos la capacidad de sentir y de reaccionar ante la realidad cuando una de sus manifestaciones toca nuestra sensibilidad o concita nuestro intelecto. Cuando la realidad inyecta sus datos en nuestros sentidos, reaccionamos, y la forma natural de reaccionar es testimoniar lo que sentimos, pensamos o queremos. Constantemente la realidad circundante influye en nosotros de tal manera que hay un nexo permanente entre nuestra sensibilidad y el mundo que nos rodea; y de ahí ese vínculo entrañable que se establece en nuestro ser con el ser de las cosas. De hecho, cuando nuestra alma se pone en sintonía con el alma de la cosa, esa conexión genera una chispa, y esa chispa desata nuestra creatividad, que se manifiesta en el uso de palabra, en el empleo de expresiones y giros idiomáticos, en el uso de las diversas modalidades de la fraseología y, desde luego, da cuenta también de nuestro talento, del poder verbal que nos distingue, del hermoso don que hemos recibido los seres humanos. El reverendo Martín Añorga dijo en su exposición, al aludir a la palabra, que era una fuente divina, y efectivamente la palabra es la mayor dotación divina que tenemos los hombres, dotación que en virtud del Logos, nos vincula entrañablemente con la Divinidad porque al ser hecho a su imagen y semejanza, recibimos por un mecanismo misterioso que desconocemos, un vínculo directo con la esencia divina, y ese vínculo vino establecido por el Logos, vocablo que inventó Heráclito de Éfeso, uno de los antiguos pensadores presocráticos con cuya creación puso de relieve el talento que nos enaltece, el rasgo peculiar diferenciador de la condición humana, ya que los animales y las plantas no tienen Logos; y en virtud de esa energía divina, podemos pensar, reflexionar, hablar y crear, ya que mediante esa dotación espiritual podemos establecer una conexión con todo lo viviente y, desde luego, una conexión directa con la sabiduría espiritual del Cosmos y con la Divinidad. En la herencia de la sabiduría universal todo lo que existe y todo cuanto ha acontecido está registrado en los archivos del Cosmos. La Creación entera tiene una historia y una sabiduría; una historia y una sabiduría que los antiguos griegos identificaban con la palabra Numen, que nos enlaza de una manera entrañable a esa memoria universal, y eso es posible justamente por la virtualidad operativa y creativa del Logos que nos distingue y enaltece.

Los creadores y los contemplativos, especialmente los poetas místicos y metafísicos, tienen el don de conectar su sensibilidad profunda con la Energía Superior del Universo, y por eso cuando Heráclito hablaba del Logos decía que se trataba de una energía divina, y esa categoría divina la tenemos todos nosotros, y esa es la grandeza de nuestra dotación humana y la hermosura del mundo, que la dimensión espiritual del Logos fecunda y proyecta en la creación del lenguaje. El Logos se manifiesta en la palabra, y la palabra se plasma cada vez que hablamos y generamos expresiones idiomáticas, cada vez que testimoniamos lo que sentimos y creemos, cada vez que pensamos lo que percibe nuestro intelecto en función de nuestras intuiciones y vivencias, que son fundamentales para la creación; y la más significativa expresión de esa creación es justamente el lenguaje y, dentro del lenguaje, cuanto creamos en el mundo de la fraseología, testimonio lingüístico del que ustedes podrán compenetrarse cabalmente cuando entren en contacto con esta obra que esperamos adquieren para que tenga destino la labor que realizamos, conforme la misión que nos corresponde como académicos de la lengua, que es justamente hacer lo que establecen los estatutos de las Academias de la Lengua establecidas en el mundo hispánico, tanto de España y América, como de Guinea Ecuatorial en África o Filipinas en Asia, acción que estamos llamados a promover con el estudio de la lengua y el cultivo de las letras para el provecho de nuestros hablantes y, por supuesto, para beneficio de nuestro pueblo y de nuestra Academia y, esperamos también, para honra de Dios.

Bruno Rosario Candelier

Presentación del Diccionario fraseológico

Miami, Universidad de Miami, 5 de mayo de 2016.

Notas:

  1. Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra y Roberto Guzmán, Diccionario fraseológico del español dominicano, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2016.
  2. El hermoso acto de presentación del Difrado en la Universidad de Miami se debió a una magnífica organización y auspiciosa promoción de los académicos de nuestra Academia en Miami, el Lic. Roberto Guzmán y el Doctor Marcos Antonio Ramos.