Bajo los ruidos de una campaña electoral  que embrutece a un pueblo precisamente urgido de educación; en la víspera de un acto de falsa investidura de  un plan de alfabetización que pintaba  como un programa  adecuado y oportuno;  cuando la palabra de los líderes sirve más para desconstruir que para construir, ha llegado quizá con forzada discreción el Diccionario fraseológico del español dominicano.

Es obra de la Academia Dominicana de la Lengua y se publica con el valioso auspicio de la Fundación Guzmán Ariza Pro Academia, que preside el lingüista y jurista Fabio J. Guzmán Ariza. El acto de lanzamiento tuvo efecto el  jueves 14 de abril  en la Casa de las Academias, en la calle Mercedes 204.  Tiene  586 páginas.

Aunque el autor por excelencia es el pueblo dominicano, actuaron como redactores del libro los lingüistas  Bruno Rosario Candelier, director de la Academia; Irene Pérez Guerra, miembro de número, y Roberto Guzmán, miembro correspondiente. Con ellos intervino un equipo de colabores entre los que figuran Teresa Ayala, Lourdes Reyes, Mariela Guzmán, Mikenia Vargas, Perla Guerrero, Karla Tejeda, Rita Díaz, Inés Méndez, Valentina Flaquer y Francisco Rosario.

La revisión estuvo a cargo de Ruth J. Ruiz Pérez, mientras las fuentes fundamentales de información han sido la lengua viva de los hablantes, expresada en forma oral, además de los usos fraseológicos extraídos de periódicos, revistas y las obras literarias de autores dominicanos, mayormente cuentos y novelas publicados.

Rosario Candelier explicó al respecto que: “En los  libros, revistas y periódicos  donde, además de la oralidad, rastreamos  frases, locuciones, giros y adagios del español dominicano, he podido apreciar que los articulistas de prensa y los autores de obras de ficción que incorporan frases y locuciones a sus escritos son los que sienten una mayor identificación con el lenguaje de su pueblo y, en tal virtud, se  pueden tipificar como los autores nacionales que experimentan  una genuina identificación emocional con el alma dominicana y la expresión de nuestra gente, lo que confirma que el lenguaje es la mejor carta de identidad de nuestra idiosincrasia cultural. Y ya sabemos que la lengua es la cara visible de la cultura de un pueblo”.

Esta afirmación me ofrece una particular satisfacción –ruego dispensa por decirlo aquí-  ya que en  el acto de presentación del Diccionario el propio doctor Rosario Candelier  mencionó mi nombre como el autor literario citado con el mayor número de frases, seguido del novelista Manuel Salvador Gautier. El libro más citado es la novela “Guazábara”, de Alfredo Fernández Simó.

Entre los articulistas de periódicos los que más aparecen –dijo Rosario- son Orlando Gil, César Medina, Alfredo Freites y Pablo Mckinney. Pero en la obra aparece todo quien haya empleado locuciones, frases, giros y  adagios de los que emplean los hablantes dominicanos. Estos usos son denominados por los lingüistas como “idiolemas o frasemas”. Un segundo grupo    está compuesto por proverbios y refranes  y se denomina  “paremias”. Con estas últimas se formará un segundo tomo del Diccionario.

El campo de la fraseología constituye una singular faceta de la peculiaridad idiomática de nuestra lengua, ya que el cultivo y la creación de expresiones idiomáticas revelan aspectos entrañables del genio lingüístico  de nuestros hablantes. Esto ha dicho Bruno Rosario  y me parece  enteramente cierto.

Creo que este Diccionario fraseológico  puede servir como espejo para que los dominicanos apreciemos lo que somos –pues somos lo que hablamos- y para los de otras latitudes   que quieran conocernos, esta es una obra fundamental.

©2016, Rafael Peralta Romero.