Por Camelia Michel

Miembro correspondiente de la ADL

 

La Academia Dominicana de la Lengua es una fragua de proyectos que apuntalan el uso y desarrollo del español dominicano. La institución asemeja un taller donde las ideas toman forma como la materia que modela un escultor cuando plasma su mejor efigie. Eso lo atestiguan las obras publicadas gracias al intenso trabajo que desarrollan Bruno Rosario Candelier y el equipo de trabajo que integra la comisión lexicográfica.

Aún estoy conmocionada por la capacidad para el denuesto y los insultos ruines y zafios contra Bruno Rosario Candelier y Manuel Núñez. Y aún estoy más sorprendida porque algunos de los peores epítetos que recibieron ambos provinieron de personas con suficiente nivel, tanto intelectual como académico, para expresar su inconformidad de forma decente. ¡Cuánta grosería, vulgaridad y bajeza! Y lo extraordinario es que gente llena de tanta mezquindad se sienta con calidad moral para decidir lo que es bueno o malo y, peor aún, para juzgar y descalificar la labor de toda una vida de quienes tienen una trayectoria sólida y beneficiosa para la sociedad como son los susodichos académicos.

Bruno Rosario Candelier no necesita cobijarse bajo las alas de la Academia Dominicana de la Lengua para ser quien es. Muy por el contrario, llegó a esa institución por sus méritos. Luces le sobran para tomar las iniciativas en su fructífera labor al frente de la ADL. De Manuel Núñez no necesito decir mucho, pues el respeto que le profeso no es de estos tiempos. Nuestra amistad data desde que ambos pasamos por los medios de comunicación, él, en calidad de articulista, y yo, en mi condición de reportera, y aunque muchos deseen restarle méritos, su labor enjundiosa y su versátil talento hablan por sí solos. Estoy segura de que mucha gente está de acuerdo conmigo y no lo dice. Los doctores Bruno Rosario Candelier y Manuel Núñez son también dos objetivos para algunas personas de nuestro país que se venden como muy “de avanzada” para resarcir sus propios demonios. Para citar uno solo de los aportes de Rosario Candelier desde la ADL basta citar su labor lexicográfica.

En  una época en la que parece disolverse el perfil identitario nacional con una confusión de paradigmas, el Diccionario del español dominicano presenta a un pueblo con una voz muy antigua, singular y, al mismo tiempo, actualizada. Entre los aportes fundamentales de la ADL al acervo cultural de nuestro país, el Diccionario del español dominicano, el Diccionario fraseológico y el Diccionario de símbolos asumen un rol de primer orden a favor de nuestro vocabulario y de nuestra cultura idiomática.

Para el director de la ADL, Dr. Bruno Rosario Candelier, acercarse al estudio o a la observación del español dominicano es una forma ideal de celebrar la dominicanidad. El intelectual dominicano exhorta de manera muy particular a los profesionales, maestros, estudiantes y a todos los nacionales preocupados por nuestra cultura a tener estos diccionarios como fuente de consulta permanente. Esos diccionarios tienen la particularidad de estar íntimamente vinculados al origen y la esencia del país. Consultarlos equivale a una travesía por más de 500 años de historia, en la que se conjugan palabras y frases con raíces heredadas de los aborígenes, del castellano arcaico y de hablantes llegados de África, en una primera etapa. Posteriormente el español dominicano va incorporando voces, locuciones y ses procedentes de diversas culturas antiguas y contemporáneas, correspondientes a los pueblos con los que el país ha tenido interacción. Los estudios de nuestros académicos confirman que una riquísima mezcla de lenguas y hechos históricos hicieron del idioma dominicano lo que es hoy en día, pero igual apuntan a que la impronta idiomática de este nuevo mundo que abre sus puertas en Santo Domingo, queda marcada en la lengua española. Como ejemplo, la palabra “canoa”, que designaba las embarcaciones indígenas y que es recogida por Cristóbal Colón en una de sus primeras comunicaciones, figura en el Vocabulario español latino de 1495 y el Tesoro de la lengua española, de Sebastián de Covarrubias, en 1611. Manuel Núñez señala que esta voz se impone en todos los textos de los cronistas de Indias, e igualmente sucede con las palabras “bohío” y “caney”, que designaban distintos tipos de viviendas de los pueblos precolombinos. Núñez Asencio advierte que los indigenismos de La Española se impusieron en otros territorios americanos: “Designaciones de utensilios, nombres de personas, de lugares, de animales y de plantas llenarán las páginas de los primeros historiógrafos de América” y también de los expedicionarios que acometieron la empresa de conquistar el Continente, tomando como punto de partida esta isla.

Por otro lado, el director de la ADL resalta el carácter histórico del español que se habla en República Dominicana. Señala que “es el más antiguo de América, por lo cual conserva voces arcaicas, como “dizque” (‘dicen que’), “trasuntarse” (‘parecerse a alguien’), “curcutear” (‘averiguar’), entre otros. En adición a los arcaísmos pueden citarse numerosas “creaciones léxicas” y “creaciones semánticas”, según explica Rosario Candelier, que reportan los términos “pariguayo”, “medalaganario”, “compinche” y otras palabras que son usuales en áreas rurales y urbanas, y que por mediación de la ADL figuran en el Diccionario de la lengua española y en el Diccionario de americanismos. Igualmente fueron tomados en cuenta usos que figuran en el lenguaje escrito y en la literatura dominicana. Explica que en la formación de una modalidad lingüística regional o local surgen dos tipos de expresiones nativas que son tomadas en cuenta: “Las creaciones léxicas, que entrañan la generación de nuevos vocablos en su escritura, como “chinchincito”; y las “creaciones semánticas”, como “lámina”, que en sentido dominicano alude a una mujer hermosa. Esta modalidad consiste en asignar “un nuevo significado a una palabra de la lengua, como “esperanza” (‘insecto de color verde’) o “china” (‘naranja dulce’)”, dice Rosario Candelier. Este diccionario es el primero en su especie realizado de manera colegiada por la ADL, con la participación de Bruno Rosario Candelier, María José Rincón, Fabio Guzmán Ariza y Roberto Guzmán, obra que llena una necesidad fundamental, en el que los dominicanos se encuentran reflejados en voces y frases comunes del país. El carácter didáctico de esta obra referencial de nuestro español se complementa con un estilo ameno, que lo hace de fácil consulta y lectura.

Rosario Candelier advierte que el DED es un diccionario que “toma en cuenta la realidad dialectal dominicana sin emitir juicio sobre su ‘corrección’. La preparación de este Diccionario supuso cinco años de trabajo en que participaron los miembros de la comisión lexicográfica de la ADL bajo la coordinación del Dr. Rosario Candelier.  En su fructífera trayectoria al frente de la ADL, don Bruno ha coordinado los proyectos de colaboración con la RAE: Diccionario de la lengua española, Diccionario panhispánico de dudas, Diccionario de americanismos, Gramática, Fonética y Ortografía de la lengua española.

Cuando le pregunté al doctor Bruno Rosario Candelier su opinión sobre los ataques de adversarios suyos, simplemente me respondió: “Indica que algo bueno hemos hecho, que los envidiosos y frustrados nos atacan”.