Por Alfonso Quiñones

   Luri Lotman (1922-1993), el padre de la semiótica y San Pedro de la Culturología, era un hombre canoso, con la piel blanquísima debajo del tshirt de mangas cortas, con el que estaba la tarde que en La Habana de mediados de los años 80, mientras asistía a un Encuentro Internacional de la Revista Criterios, que sigue dirigiendo con persistencia de monje, el políglota Desiderio Navarro.

Acababa de dar un discurso, y prontamente Desiderio repartió mimeografiadas las hojas que sintetizaban aquella intervención que significó un antes y un después para los estudios culturológicos en el Caribe.

El año antes de fallecer Lotman, apareció en Barcelona el Diccionario de Símbolos, de Juan- Eduardo Cirlot (más centrado en el sentido de lo sacro), y tres después de su desaparición física, apareció la edición en castellano de La Semiosfera I (Barcelona, Cátedra, 1996).

Según Lotman, todo texto cultural es no homogéneo, convencido de que la heterogeneidad de los lenguajes de la cultura forma un complejo multivocalismo. Por eso escribió en El símbolo en el sistema de la cultura: “La naturaleza del símbolo, considerado desde este punto de vista, es doble. Por una parte, al atravesar el espesor de las culturas, el símbolo se realiza en su esencia invariante. En este aspecto podemos observar su repetición. El símbolo actuará como algo que no guarda homogeneidad con el espacio textual que lo rodea, como un mensajero de otras épocas culturales (= otras culturas), como un recordatorio de los fundamentos antiguos (= “eternos”) de la cultura. Por otra parte, el símbolo se correlaciona activamente con el contexto cultural, se transforma bajo su influencia y, a su vez, lo transforma. Su esencia invariante se realiza en las variantes. Precisamente en esos cambios a que es sometido el sentido “eterno” del símbolo en un contexto cultural dado, es en lo que ese contexto pone de manifiesto de la manera más clara su mutabilidad” (op. cit. p. 108).

Sorprende, eso sí, que en el Diccionario de Símbolos que acaba de publicar Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, no haya una mínima referencia a quien más profundamente investigó el significado de los símbolos, y quien es reconocido mundialmente como una de las mayores, sino la mayor autoridad mundial en este tipo de estudios.

No obstante hay que aplaudir la aparición de esta nueva obra del autor de otros 22 libros.

El esfuerzo, resumido en 520 páginas, magníficamente diagramadas por Miguelina Frith, es un texto de referencia en la región, ya que se desconoce la existencia de otra investigación de este tipo, al menos en el Caribe hispano.

El Diccionario de Símbolos de Bruno Rosario Candelier, publicado bajo el sello de la Academia Dominicana de la Lengua y con el apoyo de la Fundación Guzmán Ariza, es un aporte a los estudios culturológicos dominicanos, y al desarrollo de la cultura del país, toda vez que Lotman dedicó parte de su vida a estudiar cómo los símbolos, los textos y los significados influyen en la evolución cultural de un pueblo y hasta en la vida empresarial y productiva.

Diario Libre, Criticarte | 11 de agosto de 2017