El director de la Academia Dominicana de la Lengua, Bruno Rosario Candelier, participó en un conversatorio sobre “El sentido de la lengua”, acto con el que cumplimentaba la invitación que le extendiera la coordinadora del área de español del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU), la profesora Zoraida Lantigua, del recinto universitario ubicado en la comunidad de Licey al Medio, Santiago, actividad celebrada con la presencia de profesores y estudiantes de educación y de letras.

Al inicio de la actividad, Rosario Candelier rememoró su experiencia como docente en ese recinto escolar donde laboró como profesor de lengua española, de 1965 a 1969, en cuyas aulas formó un grupo literario que bautizó con el nombre de “Littera”, que en latín significa “letras”, y que fuera el primer taller literario creado en la República Dominicana. De ese taller surgió el escritor José Enrique García, académico de la lengua y actual secretario de la ADL.

En su disertación el escritor empezó haciendo una analogía de la realidad cotidiana con la realidad formal de la lengua, y cómo las diversas actividades laborales, profesionales, productivas y de servicio, nos separan o abstraen de las otras realidades, hecho que señaló como ejemplo para explicar que la lengua entraña otro tipo de abstracción: “Constituye una abstracción de la realidad porque es una estructura formada por signos y reglas idiomáticas que se crearon para canalizar una representación de las demás realidades del acontecer natural, social, antropológico y cultural mediante el formato de la lengua cuya realidad es peculiar y diferente entre las diversas manifestaciones de la realidad real, la realidad imaginaria y la realidad trascendente”. A seguidas dio otra explicación para que se entendiera el rol de la lengua en la cultura: “Con la lengua creamos una realidad verbal,  una realidad estética y una realidad metafísica que nos sirve para captar, testimoniar y valorar otras dimensiones de la realidad, a las que tenemos acceso, en términos cognitivos y espirituales gracias a la lengua. La lengua es creación del hombre, concebida para testimoniar su percepción del mundo, expresar lo que siente, piensa y quiere y, sobre todo, revelar sus intuiciones y vivencias del mundo visible y el mundo de lo invisible. La lengua la utilizan con provecho quienes la conocen: intelectuales, académicos, profesores, científicos, literatos, filósofos, sacerdotes, comunicadores y exégetas, es decir, los que hacen uso de la palabra para canalizar sus inquietudes, anhelos y creaciones”, expresó el disertante para de inmediato añadir que la lengua hay que estudiarla ya que la aprendemos de una manera superficial, espontánea e inconsciente según vamos creciendo en el lugar donde nos criamos y nos desarrollamos puesto que asimilamos el lenguaje que hablan nuestros mayores, especialmente padres, tutores, relacionados y amigos, evidencia de que para aprender una lengua no es necesario estudiarla, pero para conocerla bien y dominarla hay que estudiarla bien, única vía para tener el conocimiento apropiado.

El filólogo dominicano explicó que la lengua se ha estudiado desde que los pueblos empezaron a desarrollarse cultural, intelectual y académicamente, pues sus intelectuales, cultores y orientadores advirtieron que había que estudiar ese instrumento de comunicación para lograr un dominio adecuado, porque el sistema de expresión es altamente complejo. En su estructura podemos encontrar la dimensión fonética, lexicográfica, gramatical y ortográfica, aspectos que se aprenden a medida que se emplea en sus diversos roles. Para ejemplificar su afirmación dijo: “El léxico se aprende cuando leemos o escuchamos a los demás. Imitamos la pronunciación de los hablantes con quienes nos socializamos en una cultura. Igualmente, para aumentar el caudal de nuestro vocabulario con un conocimiento preciso del significado de las palabras y un uso con propiedad, elegancia y corrección hay que estudiar el sistema de signos y de reglas”. Añadió que los hablantes de español tenemos la ventaja de que contamos con la Real Academia Española que, desde su fundación en 1713 en Madrid, se ha dedicado al estudio de la lengua y al cultivo de las letras. Citó que las academias de la lengua del mundo hispánico se crearon para realizar la misma tarea de la RAE para el mejor conocimiento de la lengua, fomentar su estudio y crear conciencia idiomática entre nuestros hablantes de manera que cada usuario de nuestra lengua tenga a su alcance la vía adecuada para un mejor conocimiento del instrumento de comunicación. Agregó que en la República Dominicana existe la Academia Dominicana de la Lengua, fundada en 1927, con la misma misión de la corporación madrileña, la de estudiar el idioma, promover su conocimiento entre los usuarios de nuestro idioma y sembrar inquietudes lingüísticas y literarias por una conciencia de lengua. Aprovechó la expresión para interrogar a los presentes sobre el concepto, al que la mayoría respondió sin dar una respuesta exacta. El disertante enfatizó el concepto y preguntó: “¿Qué es la conciencia de lengua? ¿Qué implica tener conciencia de lengua? ¿Quiénes pueden desarrollar conciencia de lengua? Comentó que toda persona con curiosidad por la pronunciación de una palabra refleja esa conciencia de lengua; quien se interesa por conocer con propiedad el sentido de una palabra tiene conciencia de lengua; quien se expresa bien y escribe con corrección es tiene conciencia de lengua”. Rosario Candelier añadió que todos podemos mejorar el conocimiento de nuestra lengua, potenciar nuestra conciencia idiomática y sembrar esa inquietud en los demás. Subrayó que corresponde al profesor de lengua concitar esa conciencia, motivar esa preocupación por el idioma y fomentar el buen uso del lenguaje.

Como parte de su experiencia académica, Bruno Rosario Candelier ha trabajado en varios diccionarios, como el Diccionario del español dominicano, el Diccionario fraseológico y en otros dos diccionarios que la ADL confecciona actualmente. También ha colaborado en la revisión de los siguientes códigos idiomáticos: Diccionario, Gramática, Ortografía y Fonética de la lengua española, así como en el Diccionario panhispánico de dudas y el Diccionario de americanismos. Esa labor de colaboración se ha hecho como parte de la tarea compartida de la Academia Dominicana de la Lengua y la Real Academia Española. Aprovechó la oportunidad para exhortar a los jóvenes a cultivar la lectura, estudiar la ortografía y utilizar los diccionarios de nuestra lengua. Compartió su experiencia diciendo que ha sido fructífera porque estar en contacto con los códigos de nuestra lengua ha sido una labor enriquecedora.

En el espacio para preguntas e inquietudes, explicó que la lengua tiene un sentido. Dijo que si nos remontamos al pasado, tenemos que caer en la antigua Grecia, cinco siglos antes de Cristo, cuando florecieron los antiguos pensadores presocráticos, entre los cuales Heráclito de Éfeso reflexionó sobre la lengua. Allí aprovechó de nuevo la oportunidad para preguntarles a los jóvenes si conocían el concepto de Logos, repitiéndose la escena anterior, pues ninguno acertó en el significado de ese vocablo clave para entender el sentido de la lengua y la creación verbal,  poética o científica. Entonces comentó que Logos es la esencia del pensamiento y la encarnación de la energía interior de la conciencia: “Es una dotación de nuestra inteligencia que viene directamente de la Divinidad por lo cual Juan el evangelista, cuando habla de Dios usa Logos al decir: “En el principio era el Logos y el Logos era Dios…”, concepto que se ha traducido como Verbo o Palabra”. Agregó que el Logos encarna esa energía espiritual y, citando a Heráclito, dijo que “entraña una energía sagrada” que cada hablante encarna en su conciencia, por lo cual podemos reflexionar, intuir y crear”.

Licey al Medio, Santiago, ISFODOSU, 17 de abril de 2017.

Escrito por Ruth Ruiz