Por Mikenia Vargas García

    Ya no hay impureza en el mirar, fuego de amor en el que soy contigo; mis ojos sensoriales han despertado a un proceso íntimo en una serie de estados análogos con el universo, una conexión necesaria entre la energía y las cosas, una mirada que no ve ni observa pues al contemplar se desteje de amor la mirada y todo es una misma cosa, una totalidad. En ese estado son las cosas las que van en ti en una unicidad que da paso a la revelación que espero; no hay prisa en recibir mensajes, ni ando buscando respuesta a cada cosa. Todo llega al contemplar cuando logramos una armonía con esa energía que dentro llevamos.

Contemplar, es conectarnos con el oído de la tierra, del universo, llegando a conocer una sola voz que puede ser la nuestra, la que es. Contemplar es un equilibrio de fuerzas, latidos minúsculos del universo con los que también palpitamos; un matiz único y un alcance energético con nuestros silencios para poder entonar con el ritmo santo del Universo que reverencio, pues todos nosotros no somos otra cosa que un soplo de oración en el sagrado templo de la Naturaleza. Todos respiramos la misma sustancia cósmica pero si logras contemplar, conectar con tu esencia reconocerás el aroma, el color, pues ya no hará diferencias, ni matices; será vivir en un agradecimiento eterno, pues todo tiene un espíritu alado, de otra manera no podremos ver las formas cristalizadas de las cosas.

Me he aferrado a la verdad de que todo va dentro de mí, aunque es agradable verlo, no necesito ir al mar para sentirlo ni estar frente a un hermoso valle para profundizar en él, lo he dicho en varias ocasiones y lo reitero: ya no colecto la miel en los rosales, dentro también hay una flor donde acontece otra sustancia…

Pero contemplar no es situarnos frente a algo y observarlo, es situarnos con los ojos del alma frente a lo que queremos y reconocernos en él, es abrir los ojos interiores y en la unicidad, saber que al contemplar estoy reconociendo mi verdadero ser pues todo es inmanencia; cuando cruzo me reconozco y admito que mi espíritu es soplo cristalizado de la carne

Contemplar es escuchar permanentemente esa otra voz de la verdad, una verdad que es dicha siempre pues hay un momento absoluto en el tiempo cósmico.

Admito que hay realidades tan subyugantes que no la podemos trasformar pero también hay una voluntad consiente que es transformadora por eso el contemplar comienza con la intención de querer hacerlo, es cuestión de saber cubrirte con Su Manto… viajar hasta tu Centro en un interminable regreso.

Aprender que todo está dentro de nosotros es vernos cara a cara, reconocer lo que es. Al lograr estar bajo esta certeza he podido saberme muy unida al lenguaje poético, hablar de vivencias, de eso que está más allá de los afectos y la mente, una energía que puede ser demasiada compleja para la trasmisión oral, pero para quien escribe el poema es inevitable:

 

Ardorosa llama

Crezco dentro

en la llama

antorcha de verdad

claridad profunda

Nada es pasajero

Me llamas por mi nombre

sin intermediarios

ni espacios entre mi sed y tu hoguera

Susurro el sagrado designio de tu nombre

otea tu presencia

Ondulación ardorosa es tu fuego.

 

Cuando contemplo el ojo de la vida me observa, me quedo abstraída de cualquier otro mundo y mis pasos me conducen al encuentro conmigo misma; comienzo a tener, a plenitud, una visión de lo real y entiendo que el mensaje no se pierde, siempre está dirigido a mí y despierto hacia una mirada sin impureza, bajo el reflejo de la luz del alma en donde no cambia el aire ni las cosas, todo es lo mismo lo que ha cambiado es la manera de percibir lo que me rodea. Descubro el lado divino que hay en mí y en todas las cosas que soy yo misma y reconozco el verdadero ser que viene de una fusión y el tiempo deja de existir en ese momento cósmico absoluto en el que le pido a la divinidad que me sumerja:

 

Certeza

Dentro

la voz es resplandor de otro cielo

fulgores

despertar hacia mi

Más adentro

un manantial de luz nos acontece

y vuelvo a ser contigo

sustancia abierta

Ondea tu voz de techo verde

sigilo de ternura

Sumérgeme

(Mikenia Vargas, Silencio y carne, p.29).

 

Cuando contemplo ya no existe el conglomerado de todo lo vivido, allí el ser es uno, fusionado en unmismo espíritu, en un mismo saber, una energía integrada que nos rodea, una revelación que no se me llega a producir, pero que está en proceso porque al contemplar presumo que estoy siendo contemplada por esa ley interminable que es la verdad.

Arrobamiento

Descalza

la verdadera llama pude entrever

Tus pupilas fulgentes

han hecho tacto en el sagrado templo de mi cuerpo

Voy libando laberintos en las aguas

aturdida estoy

Ya no encuentro impureza alguna

voy trasfigurada ante tu andar

Oblación definitiva

Que sea fuego

y que me dure hasta la implenitud del tiempo.

 

Encuentro del Movimiento Interiorista

Ateneo Insular, La Vega, 20 de mayo de 2017.