Los buenos chefs comparten una característica con los buenos lingüistas: el perfeccionismo. En cocina y en lengua las cosas pequeñas son las que dan más sabor. Escuchaba hace algunas semanas un jocoso comentario del chef Leandro Díaz sobre la palabra cebiche en el programa radial de don Teo Veras. Además de anotar la receta, tomé nota para compartir con ustedes la curiosa ortografía de este sustantivo, al que se le supone originario del árabe hispánico.

Pocas palabras podremos encontrar en español que nos permitan la “libertad” ortográfica que nos proporciona el cebiche: una sola palabra, cuatro variantes (cebiche, ceviche, sebiche, seviche). Históricamente se han usado las cuatro, pero, aunque la más frecuente en los últimos siglos es, sin duda, cebiche, nunca ha logrado desbancar a las otras tres variantes.

Su consulta en el Diccionario de la lengua española nos proporciona además la oportunidad de aprender un pequeño truco. Cuando existen, no todas las variantes admitidas de una misma palabra gozan del mismo prestigio. ¿Cómo distinguir la forma gráfica recomendada por el Diccionario académico? Muy sencillo. La palabra de ortografía recomendada es la que incluye la definición. Las restantes variantes remiten a la palabra sugerida. Prueben con cebiche (y su cohorte) y comprobarán que las cuatro voces están incluidas y que solo la entrada dedicada a cebiche incluye la definición.

Buscando ejemplos similares me acordé del nombre de otro vegetal que suele provocarnos dudas ortográficas. La palabra auyama, de origen caribe, aparece escrita a veces como ahuyama, aunque esta grafía con hache intercalada está muy poco extendida. El chef Leandro Díaz nos dirá si cebiche y auyama maridan. Yo solo me atrevo con la ortografía.

© 2016, María José Rincón.