El punto

El punto (.) es el signo de puntuación por excelencia, el más usado de todos y el más antiguo; por ello, de punto se derivan las palabras puntuar y puntuación, referidas al conjunto de todos los signos ortográficos. En tiempos romanos el punto se utilizaba inicialmente para separar las palabras en las inscripciones en latín, en lugar de dejar entre ellas un espacio en blanco. Después del siglo IV d. C., se empezó a usar para marcar las pausas en los textos, colocándolo a distintas alturas para indicar la duración de la pausa. Así, un punto colocado al nivel de la línea, como se usa actualmente,  indicaba la pausa más corta; un punto en el centro, una pausa más larga, y un punto en posición superior, la pausa más larga de todas. Los primeros libros impresos en español utilizaron este sistema, que equivalía, más o menos, a como se usan la coma, el punto y coma, y el punto hoy en día. Leer más

El punto y coma

El punto y coma (;) es la cenicienta de los signos de puntuación: aun quienes lo saben usar lo usan poco. Se atribuye su inserción dentro del sistema de puntuación moderno a Aldo Manuzio (1449/50-1515), humanista e impresor italiano, creador de la tipografía o letra itálica. De Italia, donde se conocía como semicolon, el punto y coma  pasó al resto de Europa. A España llegó en 1606 con el nombre de colon imperfecto –al punto se le llamaba colon en esos tiempos–. La implantación del punto y coma en la puntuación española  fue lenta, en  razón de que sus usos duplicaban los que tenían entonces los dos puntos (:). Leer más

Los signos de puntuación

Puntuar un texto con corrección es una de las tareas más difíciles con que se enfrenta todo escritor. Para nadie es un secreto que saber si una palabra está bien escrita es mucho más sencillo que saber si un texto está bien puntuado. Basta para lo primero con buscar la palabra en el diccionario o usar el corrector automático de cualquier programa informático de escritura; para lo segundo, en cambio, no hay ningún programa de computadora que nos ayude a decidir cuándo ni dónde se ha de colocar, por ejemplo,  un punto, una coma o un punto y coma. A veces sucede incluso que se pueden utilizar correctamente en un mismo lugar del texto varios signos indistintamente o, simplemente, no usar ninguno, por razones y con resultados cuyos matices escapan a la comprensión de la gran mayoría.

Tal vez debido a esas sutilezas, el hispanohablante promedio considera la puntuación como la menos importante de las diversas disciplinas lingüísticas, cuando menos de las ortográficas. Prueba de ello es que nadie se avergüenza cuando separa incorrectamente con una coma el sujeto del predicado en una oración, contrario a lo que sucede cuando escribe, quizá por un error involuntario, ombre sin h o iva en vez de iba.

Este desprecio de la puntuación se traduce en la práctica en desinterés por el tema y, por consiguiente, en desconocimiento general de sus preceptos y de la importantísima función que cumple en nuestro idioma. En efecto, cabe subrayar que el buen uso de los signos de puntuación facilita la comprensión de cualquier texto,  aclara sus ambigüedades, le imprime ritmo y melodía,  y sirve ¡hasta para comunicar al lector las emociones del autor!

La puntuación en español no nació con el idioma, sino que se desarrolló lentamente con su escritura a  través de los siglos. A manera de ejemplo, para el año 1492, cuando se publica la primera Gramática de la lengua castellana, obra del sevillano Antonio de Nebrija, solo se usaban dos signos de puntuación: el punto y los dos puntos, este último con funciones parecidas a las que hoy desempeñan la coma,  el punto y coma y los dos puntos. Al no usarse el punto y aparte, el texto completo de la Gramática se compuso en un solo cuerpo, sin párrafos, dividido solamente en extensos capítulos. Para ilustración de lector, transcribimos a continuación una pequeña muestra del segundo capítulo de la obra.

Capítulo segundo. de la primera invención de las letras y de dónde vinieron primero a nuestra España

Entre todas las cosas que por experiencia los ombres hallaron: o por reuelacion divina nos fueron demostradas para polir e adornar la vida umana: ninguna otra fue tan necessaria: ni que maiores provechos nos acarreasse: que la invención delas letras. Las cuales assi como por un consentimiento e callada conspiración de todas las naciones fueron recebidas: assi la invención de aquellas todos los que escriuieron delas antiguedades dan a los assirios: sacando Gelio: el cual haze inventor de las letras a Mercurio en Egipto: e en aquella mesma tierra Anticlides a Menon quinze años antes que Foroneo reinasse en Argos el cual tiempo concurre conel año ciento e veinte después dela repromission hecha al patriarca Abraham. Entre los que dan la invencion delas letras alos assirios: ai mucha diversidad. Epigenes el autor mas grave de los griegos e con el Critodemo e Beroso hazen inventores delas letras a los babilonios: e segund el tiempo que ellos escriven mucho antes del nacimiento de Abraham. Los nuestros en favor de nuestra religión dan esta onra alos judios. como quiera que la maior antiguedad de letras entre ellos es en la edad de moisen: en el cual tiempo ia las letras florecían en egipto: no por figuras de animales: como de primero: mas por lineas e traços…

Pasajes como este nos hacen sospechar que la lectura en los tiempos de Nebrija era ocupación de unos pocos privilegiados, únicos poseedores de la destreza necesaria para descifrar criptogramas como el transcrito. Tomó unos quinientos años más para que se impusiera el sistema de puntuación sistematizado que nos rige hoy día, empezando en 1513 con Alejo Venegas, quien  publicó la primera obra sobre la puntuación en español, en la que propuso el uso de seis signos: el colon (.),  paréntesis (  ), vírgula (/), interrogante (?), coma y artículo, los dos últimos representados con dos puntos (:). Más tarde, a comienzos del siglo XVIII, la Real Academia Española, en el proemio ortográfico del Diccionario de Autoridades (1726), amplió la colección a ocho signos: la coma o inciso, el punto, el punto y coma, los dos puntos, el interrogante, la admiración, el paréntesis y la diéresis. En la Ortographia de 1741, la Real Academia agregó las comillas y los puntos suspensivos; y en la de 1754, aparecen por primera vez dos signos distintivos del español: los signos de apertura de interrogación (¿) y de exclamación (¡). Hubo de esperar el siglo XIX para completar el sistema de puntuación moderno con la incorporación de los corchetes como variantes de los paréntesis (1815) y el establecimiento de la distinción entre el guion y la raya (1880).

El español actual reconoce once signos de puntuación: el punto, la coma, el punto y coma, los dos puntos, los paréntesis, los corchetes, la raya, las comillas, los signos de interrogación y exclamación, y los puntos suspensivos. En las próximas entregas de Nuestro idioma analizaremos, uno por uno, cómo se deben emplear estos once signos,  comenzando con un nuevo artículo sobre el uso correcto de la coma, asunto al que ya nos hemos referido antes en esta columna.

© 2011 Fabio J. Guzmán Ariza

"Bufé" no es lo mismo que "bufete"

No son pocos los profesionales dominicanos (incluso abogados) que confunden los términos bufé y bufete. A menudo se oye decir, por ejemplo, que Dr. Fulano pertenece a tal o cual bufé de abogados, cuando lo correcto es hablar de bufete de abogados. El asunto se torna más confuso aún porque la palabra bufé tiene otras dos variantes en español, de idéntico significado, que son buffet y bufet, esta última con solo una e final de menos que bufete. Leer más

Glosario elemental de términos informáticos en español

Con el auge de las computadoras y el internet en los últimos treinta años, el español se ha enriquecido adoptando cientos (acaso miles) de nuevas palabras para designar conceptos nuevos en el área de la informática. Este léxico de reciente adquisición proviene casi todo del inglés, la lengua tecnológica por excelencia del mundo moderno, y se encuentra actualmente en un proceso de acomodación o adaptación a los patrones propios de nuestro idioma, como ha sucedido a lo largo de la historia con otras voces tomadas prestadas de otras lenguas. Leer más

Calcos del inglés: *en adición (a) y *previo a

Se denomina calco, en lingüística, a la adopción del contenido semántico de una palabra o expresión extranjera, traduciendo su significado mediante palabras de la lengua de recepción; por ejemplo, el vocablo español rascacielos es un calco de la palabra inglesa skyscraper; la expresión efecto invernadero, del término inglés greenhouse effect. Leer más

Un sinfín de “a los fines de”

La locución conjuntiva  “a los fines de”, equivalente a “a fin de”, “con el fin de”, “con el objeto de”, o simplemente “para”, es de uso muy común en el mundo jurídico dominicano. Aparece dondequiera: en leyes, proyectos de leyes, sentencias de la Suprema Corte de Justicia, artículos de doctrina y hasta en las ciberpáginas de organismos judiciales, desplazando casi totalmente a otras frases de igual significado pero más sencillas y mejor construidas. Al igual que en las ciencias económicas, donde la ley de Gresham establece que “moneda mala hace desaparecer la buena”, en lingüística el lugar común o cliché y los extranjerismos tienden a expulsar la expresión o palabra  castiza.1

Los símbolos

Es muy común en la República Dominicana confundir los símbolos ortográficos con las abreviaturas. A pesar de sus similitudes (escaso cuerpo gráfico, formación con letras tomadas de la palabra o expresión cuyo concepto representan), estas dos formas de representación gráfica difieren bastante en cuanto a su naturaleza y reglas de uso.

Leer más

La nueva ortografía de la lengua española

La Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, de la que forma parte la Academia Dominicana de la Lengua, publicaron a fin del año pasado la nueva Ortografía de la lengua española. Esta actualización de la ortografía del español es el producto de muchos años de trabajo que comenzaron a poco tiempo de publicada la edición anterior del año 1999. Con ella se cierra el último ciclo de publicación de las tres obras emblemáticas de las Academias –Diccionario de la lengua española (2001), Nueva gramática de la lengua española (2009) y Ortografía de la lengua española (2010)–,  destinadas a explicar el buen uso del léxico, las reglas gramaticales y la correcta escritura de nuestro idioma, respectivamente. El rasgo más relevante de estas tres publicaciones es su carácter panhispánico, concebido y realizado (en sus propias palabras) “desde la unidad y para la unidad” por las veintidós Academias que componen el ente normativo del idioma español en el mundo. Leer más

La Constitución desdoblada

Concluimos nuestro análisis de los yerros lingüísticos de la nueva Constitución con este tercer artículo sobre el uso del desdoblamiento en su redacción. Se conoce con el nombre de desdoblamiento al proceso de descomponer un genérico masculino en su equivalente masculino y femenino, como en estos ejemplos: