Magia

Con los preparativos de la Nochebuena, entre calderos y fogones, recuerdo que queda poco para decir adiós a este año cervantino. Recordar a Cervantes me hace recordar a don Quijote y a Sancho.

En estos días de excesos me vienen como anillo al dedo las palabras que el ingenioso hidalgo le dirige a su escudero mientras recorren los campos manchegos: «Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago». No se conforma con recomendar mesura en el yantar; también la bebida se lleva su parte: «Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra». Cervantes en estado puro, y por eso Cervantes es quien es para nuestra lengua.

Don Quijote aconseja sobre modales: «Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de erutar delante de nadie». Sancho desconoce la palabra erutar, y así se lo hace saber a su señor. Erutar, variante de eructar que se usaba en la época y que ya ha perdido vigencia, era una forma culta. Popularmente se usaba el verbo regoldar, del que don Quijote dice que es «uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy sinificativo».

Al caballero andante no le preocupan las dudas de Sancho; sabe bien que es cuestión de tiempo: «cuando algunos no entienden estos términos, importa poco, que el uso los irá introduciendo con el tiempo, que con facilidad se entiendan; y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene poder el vulgo y el uso».

El genio cervantino nos deja boquiabiertos. Intemporal, universal; y tan divertido. Se acaba el año cervantino, pero la excepcional obra de Miguel de Cervantes seguro que nos tiene reservados muy buenos ratos. Es la magia de los libros.

© 2016, María José Rincón.

Tomemos nota

Y ya está aquí la media docena de errores que faltaban para completar la lista. A veces la excusa es el ahorro de caracteres; lo cierto es que, por más limites que nos impongan, nos las arreglamos para colar alguna que otra metida de pata.

5) Hablando de caracteres. Los signos de admiración y de interrogación son dos; uno de inicio y otro de cierre; nada de «*Quiénes se van para la Nueva Barquita y quiénes no?».

6) Con las letras y los números a la hora de escribir cifras («Hay más de *200 mil impedimentos de salida en RD») tenemos que decidirnos: o todos toros o todos vacas.

7) Olvidamos que la preposición a introduce el complemento directo cuando este se refiere a una persona: «Hombre se quita la vida luego de *herir su pareja».

8) Abusamos de las construcciones de infinitivo y escribimos «Jóvenes piden al candidato *optar por la presidencia». Tan fácil que habría sido escribir simplemente: «…piden que opte por la presidencia».

9) Nos resulta difícil mantener la concordancia de los tiempos verbales: «Desconocidos *matan vigilante y lo *despojaron de una pistola».  Es cierto que podemos utilizar el presente para referirnos al pasado, pero, si usamos esta opción, tenemos que mantenerla. La concordancia es esencial para un mensaje correcto.

10) No todo es gramática y ortografía. También debemos saber elegir el tono de nuestros mensajes. Y eso solo se consigue con la selección del vocabulario. No sé yo si  las expresiones muy coloquiales son lo más adecuado para una noticia: «Cantante *”le entró” a golpes». Mucho mejor en este contexto (y con menos caracteres) golpeó.

Una expresión escrita no está reñids con la concisión que nos impone Twitter; al contrario, la concisión exige un esfuerzo de selección y de propiedad que siempre aprovecha, sobre todo a los profesionales de los medios de comunicación. Tomemos nota.

© 2016, María José Rincón.

Trinos y errores

Hablamos y hablamos sobre lo mal que se escribe en las redes sociales. Yo, fiel usuaria de Twitter, trato de defenderme abandonando las cuentas que no respetan, aunque solo sea un poco, las normas ortográficas, gramaticales y léxicas. Respeto demuestra, a mi entender, respeto por sus seguidores.

No le aplico el mismo rasero a los medios informativos dominicanos. Los sigo porque me gusta estar informada.  Y aquí sí que no me libro de alguna que otra barrabasada. Ahora que están tan de moda las listas me he decidido a confeccionar una que recoge los errores que más me llaman la atención en sus tuits.

1) Todavía no hemos aprendido que el prefijo ex- debe escribirse unido a la base léxica: tenemos cientos de *ex jugadores y *ex esposos.

2) No distinguimos bien cuándo debemos usar porque, por qué o porqué: «Revela *porqué “le entró” a golpes».

3) Ay, las mayúsculas. Las usamos cuando no toca, por ejemplo, en las enfermedades («En RD no hay condiciones para enfrentar *Ébola»); o no las utilizamos cuando se necesitan, por ejemplo, en las instituciones («Banderas rueda el hallazgo de Altamira, “que enfrentó a *iglesia y ciencia”»).

4) Tenemos un problema serio con las mayúsculas y los signos de puntuación: «Esposo de Shakira reconoce que su nivel futbolístico ha bajado. ¿*por qué lo dijo?». Después de punto escribimos inicial mayúscula, aunque haya un signo de interrogación por medio. Después de una coma escribimos minúscula inicial, aunque haya un signo de admiración por medio: «¿Vas a almorzar? Entonces, ¡*Buen provecho!».

No están ordenados por frecuencia ni por importancia (todos son frecuentes e importantes), pero todos están ejemplificados con mensajes reales, sin mencionar el medio responsable, por aquello tan antiguo de que se dice el pecado, pero  no el pecador. Vayamos practicando con estos cuatro, que la media docenita que falta la dejamos para la próxima «Eñe».

© 2016, María José Rincón.

 

Una buena brújula

Una incursión reciente en una librería (en las que confieso que pierdo el rumbo más de lo que debería, sobre todo por el precio de los libros) me deparó un precioso tesoro: Lo que callan las palabras. Mil voces que enriquecerán tu español, de  Manuel Alvar. Ya saben que el español es para mí un patrimonio preciado, así que no pierdo oportunidad para enriquecerlo.

En sus páginas me topo con la palabra gringo, para la que he escuchado las etimologías más descabelladas. He oído hablar de un batallón norteamericano, uniformado de verde, al que su comandante ordenaba Green, go!  durante la Guerra entre México y los Estados Unidos a mediados del XIX. Hay muchas propuestas más. En esto de las etimologías la inventiva no tiene límites.

Sin embargo, las investigaciones sobre el origen de las palabras nos obligan a rastrear siglos atrás en la historia de la lengua. No es un asunto baladí; al contrario, en las mayoría de los casos es peliagudo navegar el mar de las palabras sin perder el rumbo. Busco orientación en don Manuel, y no me falla.

La palabra gringo se registra por  primera vez en el diccionario de Esteban de Terreros en 1787 (casi un siglo antes que la dichosa guerra, por cierto): «gringos llaman en Málaga a los extranjeros, que tienen cierta especie de acento, que los priva de una locución fácil, y natural castellana». La palabra gringo no es más que una deformación fonética de griego, que coloquialmente se ha usado en español para llamar a una lengua considerada incomprensible y, de ahí, a las extranjeros con dificultades a la hora de hablar nuestra lengua.

Les animo a interesarse por la raíz de las palabras y por su historia; pero háganlo siempre con una buena brújula. El mar de las palabras es ancho y oculta muchas sorpresas.

© 2016, María José Rincón.

Cortesía

El origen de nuestro pronombre personal usted es curioso. El tratamiento castellano vuestra merced se utilizaba como forma de cortesía y respeto; el Corpus diacrónico de la RAE lo documenta en una traducción de las Cantigas de Santa María de 1284.  A lo largo de su historia fue experimentando cambios (vuesa merced, vuarced, vusted) hasta llegar al usted que hoy usamos. Esta es la razón de que en un pasado no tan lejano se usara Vd. como su abreviatura.  En la actualidad lo recomendable es utilizar Ud. La cortesía, el respeto o, incluso, el distanciamiento se demuestra en el uso de la tercera persona para referirnos a nuestro interlocutor, en contraste con el uso de tú, pronombre personal de segunda persona.

De aquí que, a pesar de que ambos pronombres se refieren a la misma persona, el pronombre de confianza , segunda persona, concuerde con el verbo en segunda persona (tú sabes) mientras que el pronombre formal usted, tercera persona, concuerda con el verbo en tercera persona (usted sabe).

En el uso del plural (ustedes) nos distinguimos americanos, andaluces y canarios: para nosotros el ustedes no distingue la cortesía o la formalidad de la confianza o la familiaridad. Cualesquiera que sean nuestros interlocutores nos dirigimos a ellos con el pronombre personal ustedes. En el resto de las zonas donde se habla español se mantiene la diferencia entre vosotros/ustedes.

La historia de nuestra lengua se decantó por el usted; otras voces no corrieron la misma suerte y tienen un uso muy restringido, hasta el punto de que solo los encontramos ya en obras antiguas. La mayoría de los hablantes tendrán que acudir al diccionario para entender el usía (de vuestra señoría), el vuecencia o vuecelencia (de vuestra excelencia). El tiempo y el uso de los hablantes tienen la palabra.

© 2016, María José Rincón.

Variantes admitidas

Para los hispanohablantes que seseamos las diferencias entre s, z y c (ante e, i) son solo gráficas. Para nosotros estas tres letras representan el mismo sonido. La elección del grafema adecuado está regida por nuestras normas ortográficas, convencionales y que deben ser seguidas por todos los hablantes que aspiren a usar correctamente su lengua. Sin embargo, existen palabras que muestran variantes gráficas  que conviven en distintas zonas y cuyo uso está admitido en cualquiera de sus formas. Dos ejemplos clásicos son biznieto y bizcocho, que pueden escribirse también bisnieto y biscocho.  Si las buscan en el Diccionario, encontrarán ambas formas. Incluso tres, como en el caso del arabismo sábila (o zábila, o incluso zabila).

Algunos de nuestros indigenismos se han establecido en nuestra lengua con variantes gráficas que reflejan las vacilaciones que experimentaron en su proceso de hispanización. Muy cotidianos para nosotros son el casabe (o cazabe), el ceviche (o seviche) y el zapote (o sapote). Aunque ya los encontramos cada día menos, por nuestras calles pregonan maniseros (o maniceros). Y también encontramos, cada día más, zonzos  (o sonsos) y zamuros  (o samuros). La variante gráfica más extendida en el español dominicano es la primera, pero no podemos olvidar que en otras zonas también se utiliza la que leemos entre paréntesis y que es igualmente correcta. Un pequeño consejo: a la hora de escribir un texto, elijamos una de las variantes y mantengamos siempre la misma si tenemos que repetir la misma palabra.

Estamos acostumbrados a que la ortografía sea tajante en sus reglas; si no fuera así, acabaríamos por socavar la unidad de nuestra lengua, una  de las principales riquezas del español. Las variantes históricas tienen también cabida en ella. En caso de duda, sirvámonos del diccionario, que es además autoridad ortográfica.

© 2016, María José Rincón.

Pasión y seriedad

Los buenos hablantes dominicanos estamos de enhorabuena. Hemos asistido al lanzamiento de Fundéu Guzmán Ariza. Muchas de las consultas y de las quejas que recibimos en la Academia Dominicana de la Lengua están relacionadas con la utilización del español en los medios de comunicación, que cada día, y gracias al auge de las redes sociales, están más presentes en nuestra vida diaria. Desde 2005 la Fundéu BBVA impulsa un uso correcto de nuestra lengua entre los comunicadores en España, con el auspicio de la Agencia Efe y el banco BBVA y la asesoría de la RAE. Con su apoyo la Fundación Fundéu Guzmán Ariza se ha puesto manos a la obra; y qué obra: el impulso y la valoración de un uso correcto y prestigioso de nuestra lengua entre nuestros comunicadores. Nuestra propia Fundéu.

Responder a sus consultas y resolver sus dudas con presteza serán el principal objetivo de Fundéu Guzmán Ariza. Si usted es comunicador, o incluso si no lo es, y está interesado en conocer sus recomendaciones, esta se las hará llegar; para eso están el correo electrónico, las redes sociales o la página electrónica (www.fundeu.do). De esta forma el equipo de nuestra Fundéu GA se pone a su servicio, como hablante interesado en mejorar el uso de nuestra lengua. Un equipo de periodistas, correctores, lingüistas y lexicógrafos están dispuestos a aportar sus conocimientos para que nuestra lengua luzca como merece y con la celeridad que la profesión periodística necesita.

Doy fe de que la Fundéu Guzmán Ariza asume este reto con pasión y seriedad. Sin duda, tiene el sello de Fabio Guzmán Ariza, académico de número,  y de su fundación Pro Academia Dominicana de la Lengua, que no ceja en su empeño de ponernos a trabajar, como debemos, al servicio de nuestra lengua y de los dominicanos.

© 2016, María José Rincón.

Arroz con mango

Finalmente decidí renunciar a la ensalada y a las tapas. Nada de compartir un bocado para ir abriendo boca. Ya el hambre pica. Pasemos al plato fuerte.

Si el restaurante homenajea a la gastronomía de un país, es lógico que su carta refleje, con medida, los nombres autóctonos. Pero entonces hay que ser selectivos y, sobre todo, respetuosos con la ortografía: una fideuá no puede ser una *fideúa y un queso o una morcilla de Burgos pierden enjundia sin son *queso y morcilla de burgos. Si nos equivocamos por dejarlas de poner, mucho más nos equivocamos colocándolas hasta en la sopa: junto a una correcta empanada de res nos ofrecen una *empanada de Bacalao. Es cierto que el bacalao es delicioso, pero eso no le gana la condición de nombre propio.

Y si en la cocina se lleva la fusión, en la lengua suele ser fuente de disparates; no es otra cosa la propuesta de un plato denominado crispy fish penne pomodoro. Un arroz con mango lingüístico que parece amenazarnos con uno gastronómico.

A estas alturas, me rindo y solo me queda confiar en el poder de un postre delicioso para endulzar cualquier mal sabor de boca. Hemos encontrado todo un muestrario de faltas ortográficas y de extranjerismos innecesarios; y, a pesar de que un menú suele ofrecer una sencilla enumeración de platos, también nos topamos con frases que renunciamos a calificar: *una variedad de postres que su paladar no le será suficiente evitarlos. ¿Qué? Aunque parezca una perogrullada, es importante que se entienda lo que escribimos. Creo al final me voy a quedar con un cafecito. Espero no encontrarme con un *cafesito.

© 2016, María José Rincón.

A la mesa

Vamos guardando nuestro clavito, aunque a veces puede que se nos quede corto. Con la suma de los impuestos siempre invitamos a un comensal extra con el que no contábamos. Elegimos un día. Sobrellevamos algún que otro tapón. Y, al fin, nos sentamos con unos amigos a la mesa de un restaurante. Los que somos de buen comer disfrutamos de la experiencia. Los que somos además de buen hablar tenemos que pasar por el trago amargo de leer la carta.

Empecemos por una ensalada, fresca y saludable. Se nos atraganta la rúcula; una simple esdrújula que encontramos escrita en el mismo menú *rucula y *rucúla, y eso porque solo tiene tres sílabas. Dejamos a un lado la rúcula y nos decantamos por un rollo, o enrollado. No sabemos si atrevernos porque resulta ser un chicken lettuce wrap. Parece que pollo y lechuga envueltos en una tortilla adquieren cierta categoría si lo decimos en inglés. Un poco desencantados ya observamos cómo el tradicional aliño o el clásico aderezo se han transformado en un hortera dressing.

Ya no queremos ensalada. Pasemos a los entrantes, los entremeses, el castizo tapeo o la criolla picadera. Nada de nada. Si no está dispuesto a atragantarse con un sampler de appetizers, se quedará con hambre; incluso si el plato se compone de chorizo, morcilla y longaniza. ¿Les parece que alguno de estos manjares casa con lo de sampler? A estas alturas no sé si saltarme los entremeses y seguir leyendo el menú o echar mano de un bolígrafo rojo y empezar a corregir.

© 2016, María José Rincón.

Un puntito de sal

Nuestra forma de hablar dice mucho de cómo somos, de nuestra procedencia, de nuestra formación y de nuestra vida. Siempre me ha gustado adivinar de dónde procede una persona por su forma de hablar: a veces es la entonación, a veces la pronunciación, a veces la elección de una palabra o de una expresión. El mundo hispanohablante es tan ancho que no me faltan oportunidades para ejercitar este particular pasatiempo, en el que reconozco que juego con ventaja, la que me dan los muchos años que llevo dedicada a estudiar qué nos une y qué nos diferencia a los que hablamos español.

En ocasiones percibimos las diferencias a simple ¿vista? Mejor, a simple escucha. ¿Han notado este detallito que nos diferencia a los hablantes de una y otra orilla? Las secuencias ir a por, salir a por, venir a por, son habituales en el español de España para expresar un sentido de ‘en busca de’. Déjenme poner un ejemplo del refranero: ir a por lana y volver trasquilado. Por rara que nos pueda parecer, esta secuencia preposicional es completamente normal. Parece tratarse del resultado de un cruce de la idea de movimiento entre una expresión de dirección (ir a un lugar, ‘ir hacia un lugar’) y una expresión de finalidad (ir por una cosa o por una persona, ‘ir en busca de algo o de alguien’). Esta combinación de preposiciones no es moderna y está documentada desde antiguo en español.

Los hablantes preocupados por el buen uso de nuestra lengua (que haberlos, haylos) suelen consultar esta duda. Si ustedes no usan esta combinación, no se preocupen; si la usan, tampoco. Es uno de esos pequeños rasgos que nos caracterizan y que hacen que nuestra lengua, ancha en territorios y profunda en historia, tenga su puntito de sal.

© 2016, María José Rincón.