Una a una

Acrecentar nuestro vocabulario no es paja de coco. Como casi todas las tareas que parecen inabarcables conviene comenzar paso a paso. Propónganse aprender una nueva palabra cada día. Unas aparecerán muchas veces en su vida diaria y otras se convertirán en pequeños tesoros para llamar por su nombre algunos detalles que pueden parecer insignificantes pero que están diariamente ante nuestros ojos.

Nada es tan cercano como nuestras manos. De pequeños nos enseñaron los nombres de los dedos (meñique, anular, corazón o medio, índice y pulgar) pero ¿saben cómo se denomina la distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del índice, separado el uno del otro todo lo posible? Esa medida es el jeme, del latín semis ‘mitad’. En la raíz de nuestras uñas hay una pequeña mancha blanquecina. Llámenla lúnula, del latín lunula, diminutivo de luna, por su forma semilunar (aquí tienen otra hermosa palabra) y su color blanco.

Prueben a mirarse la oreja en el espejo y fíjense en una pequeña prominencia que está justo delante del conducto auditivo. Se llama trago. La que está situada en la parte inferior, opuesta al trago, se denomina antitrago.

Si mientras se miraban al espejo y encontraban ese trago y antitrago que no sabían que tenían, esbozaron una sonrisa, puede que en ella apreciaran un espacio en la encía más o menos ancho que separa algunos dientes. Si tienen que referirse a él llámenlo diastema, del griego διάστημα, ‘intervalo, distancia’.

Empiecen por lo que tienen más cerca o por lo más lejano; por lo útil o por lo intrascendente; por  cosas concretas o por realidades inaprensibles. Hay palabras para nombrarlo casi todo y nos quedan muchas por aprender.

 

Hermosa cuenta corriente

El premio nobel Joseph Brodsky recomendaba: “Cuidad vuestro vocabulario como si se tratase de vuestra cuenta corriente. Dedicadle todo tipo de atenciones e intentad engrosarlo”. Pero ¿cómo?

La primera vertiente es la atención que le dedicamos al que ya poseemos. ¿Conocemos su verdadero significado? Nuestro auxilio fundamental en esta tarea es el diccionario. Con su consulta podemos acercarnos a los matices más sutiles de cada significado. Podemos conocer observaciones sobre uso gramatical o sobre la valoración social que impregna una palabra y que la hace apropiada o no para su utilización en determinado momento.

La segunda vertiente es la aspiración de aumentar nuestro caudal léxico. En cuestiones de amplitud léxica no se aplica la máxima “menos es más”. El tamaño sí importa. Más palabras (y mejor conocidas) suponen más capacidad de observación y de aprehensión del mundo que nos rodea y, por supuesto, más acierto para expresarlo y comunicarlo.

Hay muchas actividades que pueden ayudarnos a acrecentar nuestro vocabulario. La lectura es la primordial. Lean y, cuando lean, señalen las palabras que les planteen dudas. A veces no es necesario dejar el libro y consultarlas de inmediato. Traten de deducir el significado por el contexto de lo que leen y sigan con su lectura. En cuanto puedan, recurran al diccionario. Hasta aquí habremos incorporado el nuevo vocablo a nuestro vocabulario pasivo. El siguiente paso es hacer nuestra la palabra buscando la ocasión de utilizarla en nuestra vida diaria, aunque sea como un juego. Mi hija Natalia es especialista en esto. Todos notamos que ha aprendido una nueva palabra porque la usa hasta en la sopa.

La imagen de Brodsky acierta al considerar nuestro vocabulario como una riqueza. ¿Alguna vez lo habían visto así?

Diminutivos creativos

De unas palabras nacen otras. Con los sufijos creamos nuevas palabras por derivación; entre los más creativos están los diminutivos. A fuerza de usar una palabra en diminutivo aplicada a una realidad concreta los hablantes logramos que adquiera nuevos significados y pase a considerarse un nuevo término. Leer más

Claridad y sencillez

Atender el servicio de consultas de la Academia Dominicana de la Lengua conlleva la satisfacción de encontrarse con hablantes interesados por el buen uso del idioma. Es el caso de los lectores que muestran preocupación por el uso del verbo *aperturar (recordemos que el asterisco suele usarse cuando nos referimos a palabras o expresiones consideradas incorrectas). Leer más

Ojo con las nuevas palabras

Nuestra lengua no para de crear palabras. Con ellas se remoza y se adapta a los tiempos. Las creaciones las realizan los hablantes y el uso las difunde y las impone o las aparta y las hace desaparecer. Pero, como casi todo en la lengua, la creación de nuevas voces debe seguir unas normas.  Para formar nuevos términos disponemos de la derivación, con la que creamos mediante los afijos (ya sean prefijos o sufijos). En la página electrónica de la Academia Dominicana de la Lengua recibimos una consulta sobre la derivación correcta de los verbos desvelar y develar. Ambos son sinónimos y significan ‘quitar o descorrer el velo que cubre algo´. Leer más

De tumbarrocíos

Inés Aizpún me preguntó en una entrevista cuál era para mí la palabra más hermosa del español dominicano. Nunca me lo había planteado pero lo dudé ni un instante. Tumbarrocío, le respondí.

Se trata de un precioso sustantivo compuesto con el que se designa a un pequeño pajarito que vuela en nuestros campos y que, al posarse, hace caer las gotas de rocío de las hojas. Es una imagen poética creada váyase usted a saber cuándo por un hablante con la suficiente sensibilidad para detenerse a contemplar la naturaleza. Leer más

Una Academia con historia

Estas vacaciones invernales me han traído un regalo inesperado. Visité en Madrid la exposición “La lengua y la palabra”, organizada por la Real Academia Española con motivo del tercer centenario de su fundación.

En un mundo cada día más cambiante y en el que parece que nos cuesta ponernos de acuerdo para lograr una causa común, sorprende gratamente la historia que nos cuenta esta muestra. A través de objetos artísticos, históricos y científicos y a lo largo de siete capítulos, conocemos los avatares de esta corporación que nació con la misión de proteger y engradecer nuestra lengua común y que, por extraño que nos parezca, ha sido capaz de mantener este objetivo durante 300 años. Leer más

Pelota en español (II)

La semana pasada nos quedó pendiente dedicarles un poco de atención a esos préstamos extranjeros que han demostrado una gran capacidad para aplatanarse. Estas palabras, a pesar de tener equivalentes en español, se han ido arraigando en nuestra expresión diaria hasta el punto de integrarse en su escritura y su pronunciación. Leer más

Pelota en español (I)

Estamos en plena temporada de pelota invernal. Además de disfrutar del extraordinario ambiente de los juegos y de la emoción del deporte y la competición, no hay mejor campo para aprender cómo debemos tratar correctamente en nuestra lengua las palabras que importamos de otras.

El vocabulario del beisbol (o béisbol, ambas correctas) ha heredado del inglés muchas palabras. Son anglicismos que presentan distintos grados de adaptación a los patrones de escritura y pronunciación propios del español. Leer más

Más palabras

Los participantes en un taller en que el que enseñábamos a usar el diccionario se sorprendieron al saber que la palabra vaina procede del latín vagina. Esta palabra latina experimentó la misma evolución que el sustantivo latino regina que resultó en nuestro patrimonial reina. Leer más