No son pocos los profesionales dominicanos (incluso abogados) que confunden los términos bufé y bufete. A menudo se oye decir, por ejemplo, que Dr. Fulano pertenece a tal o cual bufé de abogados, cuando lo correcto es hablar de bufete de abogados. El asunto se torna más confuso aún porque la palabra bufé tiene otras dos variantes en español, de idéntico significado, que son buffet y bufet, esta última con solo una e final de menos que bufete.

Bufé, bufet, buffet y bufete tienen un origen común: el vocablo francés buffet. Este término, de etimología desconocida, según el Dictionnaire de l’Académie française, fue usado por primera en Francia en el siglo XIII, con el significado de ‘especie de mesa, aparador, mostrador’. En francés moderno, la palabra tiene las siguientes cinco acepciones:

buffet. 1. Mueble de comedor donde se guarda lo necesario para el servicio de la mesa, aparador. 2. En las recepciones, mesa donde se colocan las bebidas y los alimentos que consumen los invitados, generalmente de pie. 3. En las recepciones, el conjunto de las bebidas y los alimentos que se sirven colocados sobre una mesa. 4. Cafetería en la estación de ferrocarril. 5. Coloquial. Estómago, vientre.

Bufé, en español, tiene un significado más restringido que buffet en francés, de acuerdo con la definición que encontramos en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE):

bufé. (Del fr. buffet). 1. m. Comida, por lo general nocturna, compuesta de platos calientes y fríos, con que se cubre de una vez la mesa. 2. m. Mesa o conjunto de mesas donde, en reuniones o espectáculos públicos, se ofrecen estos platos. 3. m. En estaciones de ferrocarriles y otros sitios, local para tomar refacción ligera.

Bufet, según el DRAE, es sinónimo de bufé, a cuya definición remite. Al respecto, cabe recordar que las Academias de la Lengua prefieren las grafías más adaptadas a la ortografía española y consideran más apropiado escribir, por ejemplo, bufé que bufet, carné que carnet y chalé que chalet.

La palabra buffet  no figura en el DRAE, probablemente por ser un extranjerismo (galicismo) crudo, cuyo uso se desaconseja, al existir ya los extranjerismos adaptados bufé y bufet. Quienes insistan en escribir buffet en vez de bufé o bufet han de recordar que la regla académica manda que los extranjerismos crudos sean siempre escritos entrecomillados o en letra cursiva (“buffet”, buffet) para marcar que son palabras extranjeras, aún no ajustadas a los patrones del español.

En el español dominicano, el uso de la palabra bufé no se ajusta enteramente a las dos primeras acepciones enumeradas en el DRAE; la tercera acepción  —‘local para tomar refacción ligera’—  no se emplea nunca. Lo característico del bufé para nosotros no es que contenga platos fríos o calientes ni que se produzca de noche, sino que cada cual pueda servirse los platos y la cantidad de comida que desee.  El bufé en el español dominicano es, pues, una comida servida y dispuesta sobre una o varias mesas, junto con su cubertería, generalmente en una fiesta privada o en un restaurante, para que cada comensal se sirva a su gusto.

De todos modos, ha de quedar claro que ni bufé ni bufet ni buffet tiene nada que ver con abogados o con su ejercicio profesional. Para esto debe utilizarse el vocablo bufete.

El término bufete es uno de los galicismos más antiguos (siglo XVI) del idioma español.  Consta en el primer tomo del primer diccionario elaborado por la Real Academia Española —el llamado Diccionario de autoridades (1726)—, de esta manera:

Bufete. m. Mesa grande o a lo menos mediana y portátil, que regularmente se hace de madera o piedra, más o menos preciosa, y consta de una tabla o dos juntas que se sostienen en pies de la misma u otra materia. Sirve para estudiar, para escribir,  para comer y para otros muchos usos. Es tomado del francés bufet, que vale lo mismo.

A principios del siglo XIX empieza a usarse con el sentido de ‘estudio o despacho de abogado’ que tiene en la actualidad. La mención más antigua de este uso la hemos encontrado en el Corpus diacrónico del español (CORDE) de la Real Academia Española, en la página 325 de una obra titulada Cartas críticas del Filósofo Rancio, II, de fray Francisco Alvarado, de los años 1811-1813, donde se dice:

Por el contrario tendrá el desconsuelo de ver algún otro, que fiado en los conocimientos que da el egercicio de una contaduría, de una procura ó de un bufete, se declara repentinamente teólogo, desafia á todos los profesores y padres de la teología, trastorna sus ideas, abusa de sus términos, los define á su manera, y cambia la doctrina católica en favor de los que la blasfeman.

A partir de esa fecha, hubo de esperar más de cincuenta años para que la Real Academia Española registrara la palabra bufete por primera vez en el DRAE con su nuevo significado. Así, la undécima edición del DRAE, publicada en 1869, contiene, dos acepciones:

Bufete. m. Mesa que se destina a escribir, a estudiar o a otros usos semejantes. ∥Por extensión se llama así al estudio o despacho de un abogado.

La definición de bufete en la última edición del DRAE (2001) es la siguiente:

Bufete. (Del fr. buffet ‘aparador’). 1. m. Mesa de escribir con cajones. 2. m. Estudio o despacho de un abogado. 3. m. Clientela del abogado.  4. m. Nic. Mueble para guardar trastos de cocina.

La primera acepción (‘mesa de escribir con cajones’ —‘escritorio con gavetas’, diríamos en la República Dominicana—) es, como se ha visto, la más antigua y, por lo menos en nuestro país,  la menos usada hoy en día. Por bufete entendemos actualmente en la República Dominicana el estudio o despacho de un abogado (o de varios o muchos). Tiene como sinónimos en el uso cotidiano a los anglicismos oficina de abogado/s (law office) y firma de abogado/s (law firm).

En definitiva, los hispanohablantes debemos cuidarnos de no confundir bufé con bufete: en el primero se come mucho y, a veces, bien; en el segundo, por lo regular, no se come nada ni a nadie, a pesar de lo que dicen los malhablados.