Por León David

 

Transcurre raudo el tiempo con porfía

y la vida te estruja y arrebata

y lo que antes ató hoy lo desata

y aquel fulgor de ayer ya es noche fría.

 

La ancianidad llegó de pronto un día,

un día cualquiera con su faz ingrata;

el instante fugaz como una rata

roe la carne que sueña todavía…

 

Porque si el cuerpo cede y se marchita

-suerte fatal de la mortal criatura-

el pensamiento altivo canta y grita:

 

lo que creaste eres, viva rosa

que siempre esplenderá fragante y pura,

que cien años, Manuel, no es poca cosa.